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lunes, 7 de julio de 2014

Elecciones anticipadas: La tumba de Fabra

El rumor NO es la antesala de la noticia, pero muchas veces ayuda a comprender el panorama en el que la supuesta noticia se va a desenvolver. El presidente de la Generalitat Valenciana, Alberto Fabra, lleva unos tres meses desmintiendo por activa o por pasiva que se vaya a anticipar la convocatoria de Elecciones Municipales y Autonómicas, y sin embargo éste fue el tema principal de conversación en la sorprendente reunión que mantuvo el pasado sábado con su equipo de Gobierno; ése y la financiación autonómica, aunque ahí no hay nada que debatir puesto que vivimos de 'Papá Estado'. Hace poco un compañero economista -y bastante bien situado en Madrid- me contaba que, desde hace dos años, en la Comunidad Valenciana estamos viviendo al día y gracias a lo que él acertadamente denomina como 'la paga semanal'; fue duro saber la verdad, pero reproduzco sus palabras de modo literal: "mira, os pasa como al chaval que el martes ya se ha gastado la paga semanal que papá le dio el sábado, y aún le quedan cuatro días por delante, que te tienes que apañar con lo que hay y si no puedes comprar tabaco, pues te jodes".

Sobreviviendo a duras penas gracias al FLA, las cuentas autonómicas sangran rojo por todas partes, y así un mes hay para pagar a los abogados del turno de oficio, otro para atender la deuda farmacéutica, y otro para tranquilizar a algunos proveedores, pero a todos al mismo tiempo no, porque no hay, y lo poco que reducimos por esa vía la inmensa deuda de 33.864 millones de euros (casi el 35% del PIB autonómico) es a costa de los impuestos del resto de los españoles. Mientras, Cristóbal Montoro sigue pidiéndonos recortes -es su rol, y lo clava- y negando una mayor financiación a los valencianos a pesar de los claros desequilibrios existentes con respecto a otras regiones. Y todo ello, además, con los desastrosos resultados de las recientes Elecciones Europeas como mar de fondo. Marejada en el Palau.

Pues el rumor apunta a que, por mucho que lo desmientan Fabra o María José Catalá, se va a producir un adelanto de la cita electoral autonómica, previsiblemente para que la caída de votos del PP en la Comunidad Valenciana no sea tan catastrófica como prevén las encuestas, y para evitar asímismo que el cabeza de cartel -jamás elegido por las urnas- sufra más desgaste por los numerosos casos de corrupción que le afectan de modo directo e indirecto. Por el momento (y por lo que yo sé) es una opción que valoran especialmente dos de los tres presidentes de las Diputaciones Provinciales, ya que la mayoría de ayuntamientos sigue siendo del PP, y de ahí emana su poder provincial, que caería si se da la vuelta a la tortilla; de hecho, alguno de ellos pronostica -y postula- con la boca pequeña que, de caer Fabra, su sucesor sería él mismo; lo hace un hombre de escasa talla política... ustedes me entienden.

Alicante y Valencia siguen siendo, por ese orden, la segunda y tercera provincias que más votos aportan al PP a nivel nacional tras Madrid, pero su volumen global (que no porcentaje) ha ido reduciéndose paulatinamente a lo largo de los años exactamente igual a lo que le ha pasado al PSOE en Andalucía: morir de éxito, se llama. Y Fabra, tras veinte años de más que cuestionable 'éxito' del PP en la Comunidad Valenciana, ha perdido crédito político a la misma velocidad que pelo en su cabeza, y está francamente asustado porque, pase lo que pase, se ve fuera de la poltrona; si se descalabra en las urnas y pierde la Generalitat, no le veo haciendo oposición en las Cortes, y si se mantiene ya es consciente que la lucha por su sucesión ha comenzado, y que Génova quiere otra cara no afectada por la corrupción para el próximo cartel electoral. También en Madrid buscan un 'campeón' a lo Arenas (o, en su época, a lo Zaplana), alguien que sepa cómo ganar unas Elecciones... cosa que Fabra no ha hecho nunca, ni para acceder en su momento a la Alcaldía de Castellón ni para sentarse en el sillón de la Plaza de Manises. Con todo, me atrevo a decir que, a fecha de hoy, no sólo habrá convocatoria anticipada de Elecciones, sino que éstas serán, además, la tumba política del actual presidente de la Generalitat Valenciana.

Imagen: El Mundo

martes, 27 de mayo de 2014

¿Podemos con la implacable Ley D'Hondt?

Nunca la palabra 'cambio' tuvo tanto sentido. La usó el PSOE en su eslogan de 1982 ('Por el cambio') y el PP en 2011 ('Súmate al cambio') para abrir y cerrar un ciclo de ilusión democrática en la que ambos disfrutaron de un bipartidismo gubernamental que pagamos y subvencionamos los ciudadanos, pues les votamos en masa despreciando a las minorías gracias a un sistema electoral -la LOREG- que así lo estableció en 1985. Pero el cambio de verdad ha llegado en 2014 con los de Podemos y su casi 1'3 millones de votos en unas Europeas con una abstención del 55%.
 
Golpe a la izquierda (se convierten en cuarta fuerza política a 300.000 votos de IU) y golpe a un sistema en el que cada vez confía menos gente. Los de Pablo Iglesias -curioso que se llame como el fundador del PSOE- parece que han llegado para quedarse y, de entrada, ya tienen cinco escaños en Bruselas. Con un partido fundado hace apenas cuatro meses y la esencia del 15-M por bandera, un movimiento ciudadano reconvertido a político ha dado un enorme sopapo a España, haciendo que despertara de la modorra de las últimas tres décadas.
 
Y todo eso a un año y medio -si no se adelantan- de unas Elecciones Generales en las que no habrá tanta abstención y en las que la implacable Ley D'Hondt volverá a otorgar su favor a los dos 'grandes'... si no se acentúa el cambio ocurrido el pasado domingo. Con voz en Europa y un discurso arriesgado por lo comprometido, Podemos tiene en sus manos un magnífico altavoz para estrenar a lo grande su futura presencia en la Carrera de San Jerónimo. Aplicando el símil futbolístico, se puede decir que los de Iglesias ya han puntuado en Champions sin siquiera haber jugado nunca en la Liga. Para descubrirse, oigan.
 
Ahora bien, la Liga es otra cosa, y Pablo Iglesias no es el 'Cholo' Simeone; en España han de entender que el rival no son los dos 'grandes', sino el propio sistema de competición y, sobre todo, el reparto de los derechos televisivos. Seguirán restando votos a PP y PSOE, sí, pero su lucha está en convencer a la ciudadanía de que cuantos más votos -y, sobre todo, en determinadas provincias-, mejor. Más de un millón de votos en un debutante es una auténtica barbaridad. Dejando aparte su ideario político, Podemos es el verdadero cambio de regeneración democrática que otros proclamaban, apropiándoselo. Es la esperanza de que el sistema caiga desde dentro, porque para que nazca un sistema de sociedad más igualitario y humano, es necesario que se derruya el actual. Y cuanto antes, mejor.

martes, 13 de mayo de 2014

Ojo por ojo: de Gamonal a León

Previsible. Incluso predecible. Sin pecar de Rappel, llevo más de cinco años diciendo que lo que pasó ayer en León (asesinato de la presidenta de la Diputación a manos de una ciudadana en lo que parece una venganza) era inminente. Ciudadanos/víctimas contra políticos/verdugos. Son demasiados años de crisis, demasiados años de frustración, demasiados años de mentiras, demasiados años de cargar sobre la ciudadanía los desmanes de cuatro hijos de puta. Demasiados años de suicidios cambiados por hipotecas. Demasiados años salvándole el culo a la banca y a los amigos mientras se condena al trabajador. Demasiados años como para que la chispa de Gamonal (Burgos), en la que la mayoría de la gente cambió la triste realidad gubernamental tomando la calle a las bravas, no prendiera en algún/a desquiciado/a y se llevara a un cargo público por delante.
Los que me conocen me han escuchado reiteradamente afirmar que no me extraña en absoluto que pasen estas cosas. Y más que van a pasar. No lo justifico, no lo comparto, pero siendo pragmático y analítico, lo entiendo. Y teniendo en cuenta la perspectiva histórica, podría decir que hasta en cierto modo lo respeto, porque cuando se perpetúa el sistema de castas, se desprecia sistemáticamente a los de abajo, se favorece eminentemente a los de arriba, se mutila lo público para oxigenar lo privado y se humillan y reprimen derechos fundamentales, cuando se le aprieta a la gente hasta casi ahogarlos, lo lógico es que la gente acabe saltando sobre el cuello del que gobierna de esa manera. Lo lógico, lo natural... e históricamente lo previsible.
Porque encuentro lógico -no es el caso, pero podría ser- que una persona cuya pareja e hijos lleven años en paro, que tenga algún familiar dependiente o discapacitado al que hayan retirado las ayudas, que esté a punto de perder la casa por la maldita hipoteca y al que encima hayan multado con 3.000 euros por el simple hecho de ejercer su derecho a manifestarse, coja una mañana y en un arrebato desquiciado tire de recortada y se lleve a un político por delante. Lógico, eso sí, tras años de vejaciones y recortes a nivel social, sanitario y educativo; y lógico pues el político es el que asume esas decisiones (que en realidad toman otros) y el que se llena el bolsillo en A y en B por aplicarlas. Resulta triste -o quizá esperanzador- pensar que por este camino estaríamos abocados a una revolución... si no viviéramos en España.
Ésa es la gran ventaja con que cuentan los políticos españoles, que el nivel intelectual del ciudadano medio es bajo mientras su nivel de conformismo (o capacidad de sufrimiento) es alto. De hecho, lo primero suele llevar a lo segundo: cuanto más embrutezcas al pueblo, más bajo será su perfil y así se comportará. Reza el dicho que "no hay mal que cien años dure"... a lo que el gracejo popular siempre ha añadido por lo bajini "ni gente que lo soporte". Pues bien, en España llevamos soportando cuarenta años de dictadura fascista y otros cuarenta de pseudodemocracia vendida al capital, así que lo de los cien años de mal, como broma, ya ha durado bastante.
El asesinato de Isabel Carrasco resulta duro, asqueroso y reprobable, pero resume y lanza un mensaje a todos, políticos y ciudadanos: no estamos en el mejor de los caminos para aspirar a un futuro esperanzador precisamente. Con el 'ojo por ojo' acabaremos todos ciegos, que tuertos ya nos han dejado.

miércoles, 29 de enero de 2014

No es un topo, es una víbora

Reza una frase atribuida a Nicolás Maquiavelo que hay que mantener a los amigos cerca, y a los enemigos aún más cerca. Me viene a la mente a raíz de las investigaciones cuasi inquisitoriales que ha puesto en marcha el Palau de la Generalitat Valenciana a causa de las filtraciones que han desvelado los desmanes económicos consentidos y/o promocionados por Alberto Fabra en la persona de su "estrecha colaboradora", su "amiga íntima", su "asesora personal"... la Secretaria Autonómica de Organización, Coordinación y Relaciones Institucionales de Presidencia de la Generalitat Esther Pastor. Se habla de la existencia de un topo en el Palau, y no va desencaminada la propuesta, aunque se me queda muy corta ante la magnitud del pseudocomplot que rodea a la figura del Molt Honorable. No es que haya un topo, sino más de uno, contando con que buena parte del funcionariado valenciano anda cabreado con la reducción de nómina o la pérdida de pagas extraordinarias de los últimos años, amén del comportamiento generalizado de un Gobierno despótico y cercano al absolutismo.
 Filtraciones ha habido siempre, bien por el puro interés del que 'coloca' la noticia o bien por la capacidad de los periodistas que buscan la misma; de hecho, la mayoría de informaciones 'de verdad' que atañen al ámbito político/judicial (dos sectores, por desgracia, cada vez más convergentes) provienen de filtraciones o rumores interesados. Ante ello, siempre hay que preguntarse qué gana el topo pasando ese tipo de información. ¿El simple gusto de descubrir hechos denunciables y supuestamente delictivos que ridiculizan a su jefe directo y lo ponen a los pies de los caballos Ante la opinión pública? ¿O hay que ir más allá?
Vayamos un poco más allá y recordemos que Alberto Fabra accede a la Presidencia de la Generalitat tras la dimisión forzada de Francisco Camps por el caso de los trajes dentro de la trama Gürtel. Desde la Alcaldía de Castellón y con el beneplácito de Génova se le sitúa como 'hombre neutro' al frente de la autonomía pero dentro de una maquinaria administrativa hecha a imagen y semejanza del otrora delfín de Rita Barberá; previamente, Camps se había encargado de cercenar las cabezas visibles -y las invisibles- de su predecesor, Eduardo Zaplana (el paso de José Luis Olivas por la Presidencia fue testimonial y anecdótico), así que con su indigna salida del cargo dejó de herencia a Fabra una Administración monolítica y 'campsista', que en parte no tragó con los nuevos aires reformistas del castellonense.
Así las cosas, y dejando aparte la existencia de topos que filtren material sensible acerca de los desmanes político/financieros de la administración valenciana, mantengo la teoría de que por encima de ellos existe, coordinándolos o incluso dirigiéndolos según una agenda perfectamente definida de aquí a la designación del candidato a las próximas Elecciones Autonómicas, algún/a personaje del mismo Partido Popular de Camps dinamitando la acción de Gobierno de Fabra desde dentro. Una víbora, vamos. Alguien capaz de traicionar a sus propios compañeros de partido -cuando no jefes- con tal de seguir medrando ante la vieja guardia del PP valenciano (sector Opus) y de ese modo revalorizarse cuando vuelvan a mandar 'los suyos'. Y no creo que desvaríe al pensar así dado el pelaje de los clanes que pugnan por el control del PP desde prácticamente su refundación desde la extinta Alianza Popular.
 Ahora que las tácticas de Torquemada han tomado el Palau para descubrir al topo -personalmente pienso que, desde Zaplana, esas tácticas nunca se fueron- y que se suceden los interrogatorios al estilo policial a funcionarios sin el correspondiente permiso de la Junta de Personal o el conocimiento de los sindicatos, creo que Fabra y su equipo yerran el tiro intentando cercar a un pequeño roedor, pues deberían buscar a la serpiente que, desde despachos más altos, ya ha clavado sus venenosos colmillos en el cuello del Molt Honorable.

miércoles, 15 de enero de 2014

Herman@s, el futuro distópico ya está aquí...

Lo predijeron Orwell y Huxley desde sus respectivos -aunque complementarios- puntos de vista. Vivimos al borde del (im)perfecto futuro distópico donde ya todo esté controlado por una casta superior que imponga su ley sobre la colonia de hormigas obreras. Por lo menos, vienen detectándose señales de que, al menos en España, nos acercamos peligrosamente a ello.
Hay una buena parte de la sociedad que, como en '1984', parece alienada a través de la amenaza, la represión, el miedo o el simple absentismo; se trata de los conformistas o subyugados del 'conmigo o contra mí' tan propio -por desgracia- de este país cainita y guerracivilista. Hay seis millones de parados a los que no se les oye; la mayoría, porque no se mueven de sus casas, y el resto, porque los medios de comunicación de masas no muestran sus movilizaciones. Otros, en cambio, viven adocenados en su pequeñoburguesismo, plácidos en una falsa realidad como la de 'Un mundo feliz', ansiosos de una nueva entrega de 'Sálvame De Luxe' o del clásico futbolero por excelencia, todo con tal de no mirar hacia los lados y descubrir la vergonzosa realidad.

Pero aquí nadie se mueve, oigan. En España rozamos la antiutopía cuando permitimos que los delitos de la "casta superior" prescriban, y que los que lleguen a juzgados se sobresean, y que los pocos que se condenan acaben indultados... por esa misma casta superior. ¿Es o no curiosamente distópico el silencio cómplice de la masa ante algunas cosas que ya están pasando? ¿Soy yo o alguien más piensa que estamos apuntando a un posible futuro -muy cercano- que no me gusta nada?
En los últimos dos años y en materia de derechos sociales, laborales y civiles, en España hemos retrocedido hasta los años 80. La mayoría de los trabajadores tiene menos coberturas médicas y legales que hace treinta años. Los sindicatos son una pantomima de lo que deberían ser. La educación que reciben nuestros escolares es de las peores de Europa según muestran sus resultados a nivel estadístico. La inversión en investigación es casi inexistente. Y los impuestos siguen creciendo sin control. A consecuencia de todo ello, la juventud española se ve obligada -como sus abuelos- a emigrar para buscarse la vida en Alemania o Reino Unido preferentemente. Pero -insisto- aquí no pasa nada, básicamente porque dentro de dos meses serán Fallas, en tres la Feria de Abril y en seis los Sanfermines; y en ese lapso habrá habido un par de 'partidos del siglo' y alguna corrida -torera, claro está- que sigan anestesiando al personal.

¿Gamonal? Sí, lo de Burgos es ejemplarizante sobre cómo la ciudadanía debe reclamar y exigir sus derechos en las calles, pero mucho me temo que se quede en algo anecdótico cuando la visión que dan los medios y algunos cargos públicos es de violencia rayana en lo terrorista.

jueves, 7 de noviembre de 2013

RTVV: Del secuestro al asesinato


Lo reconozco abiertamente: anoche lloré viendo los resúmenes de Canal 9 sobre su historia y -sobre todo- escuchando 'La Taula' de Ràdio Nou. Hacía tiempo que no lo hacía, y esa suerte de catarsis emocional quizá fue sólo la empatía por un grupo de grandes profesionales a los que van a silenciar junto al soporte desde el que emitían. Lloré por pena, lloré por rabia, lloré por solidaridad. Lloré porque bajo el periodista también hay un ser humano. Me vinieron a la mente las últimas semanas vividas en Antena 3 Radio Valencia en 1994, cuando la ilegal -hay sentencia del Supremo- OPA hostil encubierta del Grupo PRISA firmaba el despido de más de 600 personas en toda España, incluido el que os escribe. En un ambiente depresivo y lacrimoso se seguía ante el micrófono por pura responsabilidad profesional y respeto a los oyentes, que aún nos hacían líderes a nivel nacional, autonómico y local. El 'Antenicidio', se llegó a calificar con los años aquella maquiavélica maniobra empresarial que en 2000 condenó la Justicia. Aquello no fue una muerte. Fue un asesinato.
Exactamente igual que RTVV. No muere. La matan. Aunque en este caso concurre la agravante del secuestro y tortura previos a la ejecución... durante 20 años. Si eso no es crueldad... Mi opinión ya quedó bastante clara hace año y medio en 'Canal 9: Entre todos la mataron...', por eso hoy no escribe el periodista, sino la persona. Y en estas dos décadas he vivido y me han contado demasiadas cosas 'desde dentro' -que todos en el sector sabíamos, no nos engañemos- que a veces me han avergonzado, otras cabreado y casi todas indignado. Ver la progresión pseudoprofesional de determinados 'tipos' cuyo único mérito es ser amigo o familiar de, por ejemplo, y en cantidad ingente a lo largo de dos décadas, por cierto. Enterarte de lo que cobraba tal o cual productora 'afín' por producir auténticos bodrios que se emitían de madrugada y no veía casi nadie. Saber cómo se le daba un 'tiro en la nuca' profesional a 'elementos desafectos' al régimen de terror editorial impuesto desde la Plaza de Manises, o cómo se premiaba a los delatores y/o ratas infectas que pululaban por los pasillos del edificio de Burjassot o los de Blasco Ibáñez. Sufrir viendo cómo a amigos muy cercanos y correctísimos profesionales los desterraban en la programación por las filias y fobias de acomplejados cercanos a la megalomanía. Vivir despliegues a eventos de primer orden informativo que escondían gastos -que yo sabía que lo que gastaban ellos lo iba a pagar yo parcialmente de mis impuestos- para nada relacionados con el trabajo que se iba a efectuar. Y todo eso, en veinte años en los que el Grupo RTVV ha sido utilizado como mero aparato propagandístico al servicio de varios Gobiernos de un mismo partido.
La palabra "manipulación" se me queda muy corta ante todo lo ocurrido, porque no sólo se ha prostituido la visión de la realidad a/de todo un pueblo, conculcando gravemente el derecho a la información pública libre e independiente de los valencianos. Se ha envenenado a sabiendas el sentir del propio pueblo hacia una RTVV que en 1995 copaba el 26 por ciento de la audiencia y el cariño de la gente y ahora, antes de su anuncio de ejecución, apenas rozaba el 3 -cuanto más propaganda y bodrios de amiguetes, menos audiencia, y aún así seguían-. Ahora, con el muerto ya en al ataúd -y perdonadme la crudeza- parece resurgir una ola de cariño, y me alegra, pero tengo la certeza de que sólo nos resta por saber la fecha del funeral.

miércoles, 23 de enero de 2013

La manta que los cubre a todos

Más quisiera Frodo que en su largo viaje a Mordor le hubieran dado una manta española en vez de una capa de invisibilidad. Pobre hobbit. Con lo que da de sí una manta española. Vale para gente de derechas y de izquierdas -como si aún existieran esas ideologías en la práctica...-, soporta demandas, querellas, fiscales, jueces y hasta amenazas de tirar de ella por los cuatro costados... y ahí está, imperturbable, sólida y protectora de toda la mierda que ni imaginamos habrá debajo. Eso sí, la pobre manta tras cuarenta años de dictadura y otros tantos de pseudodemocracia anda desprendiendo un tufillo viejuno que no desaparecería ni blanqueando en Suiza todo el dinero que se ha dilapidado/robado a manos llenas en España.
Pero a pesar de eso, su legendaria capacidad para crecer y multiplicar sus tejidos ha permitido que ahí debajo se oculte lo peor de nuestra sociedad durante demasiado tiempo, tanto, que algunos incluso predican hipócritamente que jamás se tire de ella "por nuestro bien", mientras otros -casi todos los demás- mienten cuando amenazan con tirar "y que se sepa todo".
Creo que llegados a este punto todos nos preguntamos lo mismo: ¿Y qué problema hay en que se sepa todo? O mejor: ¿Y qué problema tienen los políticos en que los ciudadanos -y, sobre todo, los fiscales y jueces- lo sepamos todo? ¿Acaso nos consideran tan inmaduros que temen que no soportemos la verdad? ¿O temen que el conocimiento de esa verdad nos haga libres como pueblo para decidir dejar de soportarlos a ellos?
Dijo el dramaturgo español Jacinto Benavente allá por los años 20 algo así como que "la peor verdad sólo cuesta un gran disgusto; en cambio, la mejor mentira cuesta muchos disgustos pequeños y al final, un disgusto grande". Pues eso, que mientras vivamos gobernados por mentirosos y corruptos estaremos rodeados de pequeños disgustos a  cada instante (recortes, pérdida de derechos, pérdida de calidad de vida...) y al final nos llevaremos el gran disgusto de que lo habremos perdido todo, hasta la libertad; yo, puestos a elegir, prefiero un disgusto grande conociendo la peor de las verdades, aunque tras más de veinte años de ejercicio periodístico en la Comunidad Valenciana no me hace falta que me la cuenten, que ya la sé de buena tinta. Otra cosa es que pueda demostrarla, que en eso las destructoras de papel y las cajas fuertes de algunos bancos me/nos llevan mucha ventaja.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Sinvergüenzas

Tras ver la imagen que les adjunto en este post, se me ocurren muchos apelativos para estos dos diputados autonómicos de Madrid del Partido Popular, y algunos muy gordos, pero he pensado que la palabra sinvergüenzas los define a la perfección. Según la segunda acepción del término en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, una persona sinvergüenza es aquella "que comete actos ilegales en provecho propio, o que incurre en inmoralidades". 

Aunque no sea una ilegalidad, Bartolomé González y María Isabel Redondo, los dos diputados del Partido Popular de Madrid "pillados" jugando con su tablet y su móvil en plena Asamblea de Madrid, sí incurren en inmoralidades. Pero creo que no debería extrañar a nadie, salvo a aquellos que cuentan con una capacidad de sorpresa infinita. ¿Recuerdan el caso de Andrea Fabra? ¿Recuerdan aquel ¡Que se jodan! para los parados españoles? Lo de ayer de la Asamblea de Madrid no es sino una muestra más que buena parte de nuestros políticos no están donde están porque les interese la política o el bienestar de los ciudadanos. Están donde están porque no tienen nada mejor que hacer, porque pertenecen a una estructura política que les permite reírse de los ciudadanos constantemente, porque el partido político en el que militan les consiente esa falta de respeto a los ciudadanos, porque saben que se van a salir con la suya y porque, al final, todo esto quedará en nada, sabiendo que siempre habrá alguien que les ría la gracia y que los justifique.
Hagan un ejercicio de comparación. Imaginen que en su trabajo les pillan jugando con el ordenador de la empresa en horas de trabajo. Como mínimo un expediente, sin descartar el despido, ¿verdad? Son estos diputados liberales los que luego hablan de "optimizar recursos", "aumentar la productividad", "recortar en gastos", "trabajar más". Son estos diputados los que aprueban la privatización de la sanidad con el argumento de que se ahorrará en recursos, de que la gestión es mejor. ¡Vaya paradoja más macabra! Estamos en manos de sinvergüenzas, estamos en manos de personas que cometen inmoralidades.
Se ríen de nosotros en nuestra cara, y lo peor de todo es que parece que nos da igual.

jueves, 13 de diciembre de 2012

La Semana Fantástica de la Guardia Civil

Más de un mes sin escribir. Demasiada rabia contenida en ese lapso. Y hoy, para colmo, nos enteramos por 'Público' que el Gobierno del PP dio orden a la Guardia Civil el pasado mes de abril para que le informara con una semana de antelación de cualquier operativo que incluyera investigaciones y detenciones de políticos y registros de sedes oficiales e inmuebles, según reza en una Circular interna de la Benemérita. La denuncia parte de una diputada de Coalición Canaria en la Comisión de Interior del Congreso de los Diputados, por lo que le concedo un alto grado de fiabilidad a tenor de la documentación aportada (la propia Circular). Se trata de una táctica cuasimafiosa que, de inicio, presupone medidas discriminatorias para la clase política, pervierte gravemente las diligencias e instrucción de los casos y, sobre todo, obstaculiza de un modo objetivo la acción de la Justicia, al poner -de forma presunta- anticipadamente en conocimiento de los presuntos delincuentes los registros legales y las detenciones.
 
Desde abril. Casi nueve meses. Más de treinta semanas en las que se puede haber estado filtrando sistemáticamente dicha información desde los investigadores directamente a los delincuentes. No alucino porque mi capacidad de sorpresa ya es casi nula tras cuatro décadas en este mundo, y más concretamente en mi mundo: la Comunidad Valenciana (aquí se han dejado prescribir cuatro de los cinco delitos fiscales de los que se acusaba a Carlos Fabra... bueno, qué digo, aquí se ha absuelto a Francisco Camps!). Pero retomo el hilo de la noticia. Una treintena de semanas en las que los responsables de las investigaciones han debido informar directamente y por escrito al Director Adjunto de Operaciones, el teniente general Cándido Cardiel -en la foto-, acerca de dichos operativos. Las preguntas se me agolpan en la mente y todas son de cajón: ¿Me puede explicar alguien por qué y para qué disponía de dicha información el segundo al mando en el escalafón de la Guardia Civil? Es más, ¿a qué iluminado de qué despacho ministerial se le ocurrió ordenar saltarse a la torera el concepto constitucional de 'todos iguales ante la Ley' y, evidentemente, con qué interesado objetivo? Porque esto no se le ha ocurrido a Cardiel ni al Director de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa, esto viene impuesto desde arriba, y alguien de arriba debería responder por ello de inmediato. Y en menos de una semana.
 
A todo esto, me pregunto también qué pensarán al respecto los fiscales y jueces que durante estos casi nueve meses llenos de sus semanas fantásticas han visto cómo sus casos de corrupción contra cargos públicos o políticos en general decaían por falta de pruebas o fallos en la instrucción del proceso... y espero ansioso a saber su opinión. Porque de disponer de la información sobre investigaciones a directamente ordenar a quién hay que investigar y detener no hay más que un paso muy peligroso y muy antidemocrático.
 

viernes, 26 de octubre de 2012

Suicidios: la crisis que no se ve

Desde el punto de vista informativo, las noticias acerca de suicidios siempre se han silenciado o maquillado amablemente para no provocar lo que los expertos denominan 'efecto llamada', es decir, que se tome a los suicidas como ejemplo por su trascendencia mediática y se repitan o popularicen casos semejantes. Nunca he estado muy de acuerdo con esta tesis, pues silenciar una información no va con mis planteamientos periodísticos, amén de que se supone (como el valor en la extinta 'mili') que el destinatario de la información es lo suficientemente inteligente como para discernir sobre la misma. En fin. Ello, en plena era tecnológica 3.0 es, incluso, imposible y contraproducente para los propios medios, puesto que las redes sociales les han sobrepasado en cuanto a flujo y cantidad de información de todo tipo, con el peligro que ello supone en la merma de calidad. Negar la evidencia es de bárbaros (o áurigas, que diría Trecet), luego seguir silenciando los casos de suicidio por culpa de la crisis en los medios 'tradicionales' no sólo es una estupidez editorial sino que, además, deja a estos a los pies de los caballos por ocultar información sobre la que ya se está hablando en la calle e internet. Los últimos casos acaecidos en España me han hecho consultar datos y estadísticas y resulta que, evidentemente, se han incrementado los casos de suicidios en todas las Comunidades Autónomas -luego también en España aunque se niegue ya que por ley no se publican cifras desde 2006- y también que de los nueve casos diarios que se registran en nuestro país, un tercio es a consecuencia directa de la crisis. Nueve suicidas al día es bastante más que la cifra de víctimas mortales en accidentes de tráfico en el mismo periodo, y la estadística sólo recoge a los que lo consiguen, no a los otros 15-20 que lo intentan a diario, luego alrededor de treinta personas desean quitarse la vida cada jornada en España. Dramático.
Pero imaginemos por un momento que en vez de suicidios hablamos de violencia de género o xenofobia: Nueve casos al día (más de 3.000 al año) nos parecería una auténtica barbaridad, de hecho siendo muchísimos menos se les concede a nivel mediático una trascendencia inusitada y ahí nadie habla del posible 'efecto llamada' sobre la población. El pacato sentido del pudor católico con el que se ha educado y que constriñe a este país hace que callemos ante el suicida pero gritemos ante el maltratador, y que incluso no nos interesen las causas del primero mientras que desglosamos y analizamos las del segundo. Y, por desgracia, incluso asimilamos con cierta naturalidad que en ambos casos se trata de enfermos mentales.
Pues bien, la crisis que no se ve, la silenciosa, la del cabeza de familia que se lanza por una ventana cuando van a ejecutar un desahucio, la del jubilado que prefiere morir porque no le llega con la pensión para comprar sus tratamientos médicos o la de la madre que se lanza ante un tren en marcha porque no puede dar de comer a sus hijos, esa crisis, ya ha llegado, y sigo pensando que el silencio (informativo y social) es mucho peor y mata mucho más que el propio hecho de suicidarse.
NOTA: La imagen que ilustra el post es de 'Alerta Digital'.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

La Transición, esa gran culpable

Pertenezco a la última generación que nació bajo la dictadura franquista y, aunque su muerte me pilló con cinco añitos, recuerdo mi adolescencia marcada aún por carreras ante la Policía, banderas fascistas en los relojes de los pijos de Cánovas y un odio generalizado y visceral hacia todo lo que oliera a demócrata o progresista. Entonces -como ahora- se hacía una encendida defensa de la Transición española de la Dictadura a la Democracia que durante años se puso como modelo para los países latinoamericanos. Qué error. Qué tremendo error. Ahora, con la perspectiva que da la edad, se da uno cuenta que por culpa de aquello es y será imposible que nos deshagamos de 'las dos Españas', y que por siempre seremos un pueblo cainita condenado al rencor y la venganza. Esa es la auténtica herencia de Franco, que su espíritu y su influencia sobre una sociedad ignorante y viciosa sigue perdurando otros cuarenta años después. Muerto el perro, no se acabó la rabia; llegó el momento en que los denominados 'padres de la Constitución' se aflojaron la corbata ante un copazo de coñac y pactaron el 'café para todos' con la intención de pasar página, resultando que -sin más- se cerró el libro negro de la dictadura sin que pudiéramos leer un último capítulo dedicado en exclusiva a rendir cuentas ante la sociedad que sometió y machacó durante cuatro décadas. Y aquí paz y después gloria, se dijeron, creyendo que si el pueblo alemán había conseguido superar el 'síndrome Hitler', el español seguiría la misma senda. Con la diferencia de que aquí no hubo un Nuremberg que devolviera a cada uno a la realidad legal y le dijera qué era correcto y qué no. Se pasó de puntillas sobre el tema, y ninguno de los miles de beneficiados -directa o indirectamente- por la Dictadura hubo de responder por el inmenso lucro generado en sus familias durante cuarenta años. Y ahí se sentaron las bases de nuestro actual -y corrupto- modelo de Estado y sistema de Gobierno ("Todo queda atado y bien atado").
Nadie se cuestionó en 1975 la necesidad de una monarquía irrelevante y ya entonces anacrónica impuesta por el difunto dictador para que no volviera la República, y ello nos ha costado desde entonces miles de millones de euros salidos del erario público, amén de unos cuantos escándalos que nos definen perfectamente como pueblo desde su teórico máximo representante. Nadie preguntó entonces qué pasaba con las decenas de miles de personas obligadas a exiliarse por motivos políticos y/o sociales. A nadie le pasó por la cabeza plantearse qué pasaba con los cientos de miles de hectáreas y propiedades sustraídas de forma ilegal a los 'rojos' para ser entregadas a sus denunciantes o a la Iglesia, cuando ésta no era principalmente la que levantaba su católico dedo acusador. Y, sobre todo, nadie tuvo los santos cojones de hacer que la cúpula ideológica franquista, bien asentada y protegida en la aristocracia, la banca, el Ejército y la Iglesia, respondiera por la limpieza étnica que se llevó a cabo en este país para intentar vaciarlo de rojos, judíos, masones, comunistas, homosexuales y librepensadores.
Para colmo, faltó valor (o ganas) a nivel constitucional para declararnos Estado laico (no es lo mismo "aconfesional" que "laico", sobre todo cuando existe firmado un Concordato con la Santa Sede) y no se quiso apostar por un Estado federal a imitación de los 'lander' alemanes, quedándonos con este obsoleto sistema de Comunidades Autónomas que, a la postre, ha sido y es uno de los grandes males de la actual política administrativa y financiera española.
Pues de aquellos polvos estos lodos, pues la misma oligarquía que promovió y sustentó al dictador es la que ayer no pagó por sus crímenes y hoy disfruta de enormes prebendas en el sistema democrático. Les bastó con maquillarse de 'demócratas de toda la vida' para seguir mangoneando a su antojo y que, por ejemplo, no se persiga ni fehaciente ni convenientemente el delito de evasión fiscal de capitales. "Todo queda atado y bien atado", que dijo el infame. Y tanto, que aún ahora notamos los nudos.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Picaresca: La gran mentira española

Dice un amigo mío -al que no cito expresamente por discreción- que la crisis que nos asola desde 2007 acabará muy pronto, básicamente porque en nuestro país ya no quedará nada por robar. Y, exageraciones aparte, más o menos va a ser así, porque España vive instaurada en la mentira de que somos un país de pícaros, cuando en realidad somos un país de ladrones. Y me explico: Aquí roba todo Cristo. Primero revisemos la definición del término en mi querida R.A.E., que en su segunda acepción determina que robar es "Tomar para sí lo ajeno, o hurtar de cualquier modo que sea". Pues bien, en España roba el supermercado que le cobra a 0'65€ el kilo de cebollas cuando a su propietario le ha costado unas diez veces menos. Roba el agente comercial que presenta ante su empresa facturas de desplazamientos o dietas no realizados, y las cobra. Roba el funcionario que se toma un cuarto de hora libre porque sí para abandonar su puesto de trabajo e ir a comprar en la tienda de la esquina. Roban los banqueros cuando a ellos les `venden' dinero al 1% de interés y a usted se lo prestan al 7'5%. Roba el político metiendo la mano en la caja pública, colocando a amiguetes o concediendo contratos a cambio de prebendas. Roba el oficinista que aprovecha para llevarse a casa paquetes de folios, bolígrafos y grapas. Y roba hasta el Rey ocultando sus cacerías de elefantes, osos y otros mamíferos bípedos de origen alemán que, evidentemente, pagamos entre todos. ¿Pícaros? No, amigos, aceptémoslo: Somos un país de ladrones.
Se llame Mario Conde Conde o Dionisio Rodríguez Martín, no lo dude, si es español lleva un mangante en su interior. Con estudios universitarios, de guante blanco y saqueando miles de millones en Banesto o segurata trincando un furgón blindado para fundíselo en putas y coca en Brasil, da igual. Esto es España. Miren si somos ladrones en este país, que los principales traficantes de dinero, los bancos, hasta atan con cadenitas los bolígrafos de las ventanillas para evitar que desaparezcan.
El movimiento del 15-M popularizó el grito "No hay pan para tanto chorizo", y nunca pudo estar mejor resumido el concepto de lo que ha pasado en este país. Con los mangantes instaurados desde la nefasta Transición en los puestos clave y la conciencia global de que somos un pueblo de simpáticos pícaros, la ciudadanía ha consentido -no por ignorancia, sino por omisión e incluso connivencia en algunos casos- que se esquilmaran las arcas públicas. Y aquí no ha pasado nada mientras las vacas eran gordas y una comisión de aquí y una visita al burdel de allá no afectaban a que la manada siguiera rumiando. Pero el pasto se ha secado, las pocas vacas que quedan ya son flacas, y de repente -¡oh, sorpresa!- nos hemos desayunado con una clase política mayoritariamente corrupta y una banca usurera hasta límites insospechados. Entonces, y sólo entonces, nos hemos llevado las manos a la cabeza y hemos disparado los índices señalando a los culpables.
Recuerdo que a principios de los años 90 Eduardo Zaplana popularizó una frase (atribuida a él pero cuyo autor fue Vicente Sanz, entonces presidente provincial del PP en Valencia) en la que se despejaban dudas sobre la clase de calaña política que se avecinaba en los siguientes años: "Yo estoy en política para forrarme". El señor Sanz desapareció un tiempo de la escena pública pero volvió años después como flamante secretario general de Canal 9, y nunca le faltaron amigos en el PP, todo sea dicho de paso, ni un sueldo de la Administración que llevarse al bolsillo. Y aquí no pasa nada. Un pueblo de bien, civilizado y con conciencia social lo habría corrido a gorrazos al día siguiente de saber sus pensamientos; o, como en el viejo Far-West, lo habría untado de brea, emplumado y expuesto en la plaza pública para su vergüenza, si la conociera. Pero aquí no. Esto es España, amigos. Regeneración democrática, piden algunos. Y una leche. Aquí lo que hace falta es una revolución.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Verdaderos demócratas

No les descubro nada nuevo si les digo que desde hace muchos años recorren algunos medios de comunicación de este país tertulianos y columnistas que, pase lo que pase en España y en el mundo, gobierne quien gobierne, haya crisis o no, no hacen sino soltar bilis por esas bocas y plumas que Dios les ha dado. Como ejemplo vale este artículo de Alfonso Ussía en el diario La Razón publicado el pasado 4 de septiembre. Antes de seguir leyendo este post, echen una mirada al susodicho artículo, no tiene desperdicio, y entenderán mejor el resto del post.
Dice Ussía que no hay que tener miedo a decir lo que se piensa, que únicamente lo hacen los que no tienen complejos. Estoy de acuerdo con él en esta afirmación. Por ello, voy a decir lo que pienso de usted, sobre todo porque los columnistas y "líderes de opinión como usted" no conocen los límites.
Señor Ussía, a usted le importa un bledo el sistema democrático y el Estado de Derecho que tanto dice defender. Porque debe saber, señor Ussía, que el cumplimiento de la ley, nos guste o no, es la base para que el Estado de Derecho funcione. Y debe saber, señor Ussía, que aunque no nos gusten las decisiones de algunos jueces, o pensemos que tal o cual recluso deberían estar en la cárcel de por vida, eso no es óbice para que nos saltemos la ley y, de forma arbitraria, mantengamos a un preso en prisión si la ley tiene sus resortes para que pase los últimos días de su vida con los suyos.
Afirma usted, señor Ussía, que ha fracasado el Estado de las Autonomías, que ha terminado con nuestros recursos. Puedo estar de acuerdo con usted, es cierto que hay duplicidades y gastos innecesarios. Pero eso no significa que nos carguemos los gobiernos autonómicos, que volvamos a un centralismo caprichoso y arbitrario, un centralismo que beneficie a ciertas regiones desoyendo a otras, y negando derechos históricos ya consolidados. Y tampoco es cierto que este nacionalismo que usted tanto critica (debería saber que también existe el nacionalismo español, que es igual o más peligrosos que los que usted ataca) sea el principal de nuestros males. A mí tampoco me gustan, ni los defiendo, pero lo que no hago es desprestigiarlos afirmando que están cercanos a organizaciones terroristas.
Muy democrática también es su visión sobre la Sanidad Pública. Ese "buenismo" que usted critica ha permitido que la sanidad española sea una de las mejores de todo el mundo, que todo ciudadano que vive en España tenga una cobertura sanitaria digna y gratuita, y que los profesionales sanitarios españoles sean de los más preparados. Seguramente, usted preferiría que dejar fuera de ese sistema sanitario a los que no pueden pagarse un seguro privado, a los que únicamente pueden ir al médico si es gratis. Eso sería muy democrático.
Y lo que es más preocupante, señor Ussía, es la obsesión que tiene usted en que el Ejército esté más presente en la vida pública española, en que esté más presente en Euskadi, dando alas y argumentos a aquellos que han hecho de las pistolas y el terror su forma de vida, justificando su actitud con la presencia de un supuesto ejército invasor. Parece que usted, señor Ussía, quiere apagar el fuego con gasolina. Durante casi 40 años, el Ejercito estuvo presente en la vida de los españoles, asfixiándolos, sometiéndolos, atormentándolos y negándoles la democracia y el Estado de derecho que usted tanto dice defender.
Y ni voy a entrar en los manidos y peregrinos argumentos suyos sobre jueces y tribunales que, cuando nos conviene son independientes y cumplen con su deber y, cuando no, están manipulados y permiten la entrada de terroristas en las instituciones, por no hablar de lo malos que son los sindicatos. Argumento patético, señor Ussía.

jueves, 19 de julio de 2012

El Estado de Derecho, en claro peligro

El Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos humanos afirma: "Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión". Además, el Artículo 20 de la Constitución Española reconoce y protege los derechos "a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción" y a "comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión". Así al menos lo estudié en la Universidad y no creo que, de momento, haya cambiado.

Pues bien, en el día de hoy, el Partido Popular -y, por ende, el Gobierno de España- ha aprobado en el Congreso de los Diputados que se inste al Gobierno -es decir, a sí mismos- para tipificar como delito la mera difusión de información, la resistencia pasiva, la desobediencia civil, además de limitar el derecho de reunión y manifestación y endurecer el concepto de 'alteración el orden público', apoyando descaradamente la moción de Convergència i Unió en tal sentido. Pero entre la propuesta de los nacionalistas catalanes que tanto ha agradado al PP se incluye un párrafo que iguala o incluso supera todo lo anterior; atentos: "Recoger la tipificación específica de la difusión de información que tenga por objeto organizar, promover la participación o reforzar la decisión de tomar parte en acciones de alteración del orden público constitutivas de delito". Vamos, lo que traducido viene a ser que si en teoría apoyas una manifestación y así lo haces constar en internet, en la práctica podrías ser juzgado por la comisión de un delito.
Estaba claro que tras atacar vía recortes la Sanidad, la Educación y la Cultura públicas, el siguiente paso en la desmembración del Estado de Derecho español (no el del Bienestar, el de Derecho) iba a ser cercenar la libertad de expresión, y como la mayoría de los medios de comunicación convencionales están relativamente controlados a través del flujo de subvenciones y la publicidad, amén de unos dueños plegados a la Banca cuando no son la misma Banca, imagino que a por lo que van -realmente- es a por las redes sociales, auténtico motor de comunicación de esa gran mayoría en España que no puede o no quiere acceder a un diario a diario, y verdadero foco de la crítica social más corrosiva hacia el actual Gobierno de Mariano Rajoy. Se han liado la manta a la cabeza y pretenden cambiar la legislación sin cambiar antes la Constitución, y en el ambiente prerrevolucionario y convulso en el que nos están haciendo vivir -porque hace un año no vivíamos así- ello supone una nueva provocación que, sinceramente, no sé qué pretende salvo caldear aún más el ambiente y de paso justificar la campaña publicitaria que han puesto en marcha para reclutar nuevos policías, guardias civiles y soldados. Les van a hacer falta, sobre todo ahora que parte de esos cuerpos y fuerzas ya comienzan a manifestarse en las calles junto a la ciudadanía. Mientras el Gobierno no lo apruebe vía Consejo de Ministros, blogs como éste u opiniones vertidas a través de Twitter o Facebook seguirán siendo legales; después, ya veremos. Atacando la Sanidad, la Educación o la Cultura mermas el Estado del Bienestar; atacando la libertad de expresión y el derecho a la información destruyes una de las bases fundamentales del Estado de Derecho.

Sólo recordaré, para finalizar, que esta moción se ha aprobado con el Congreso de los Diputados blindado por la Policía Nacional y acordonado por un vallado de seguridad. Tienen miedo. Y el miedo se huele. Igual que la sangre.

miércoles, 4 de julio de 2012

Canal 9: Entre todos la mataron...

El Expediente de Regulación de Empleo (ERE) que en los próximos dos o tres meses va a dejar en la calle a más de mil trabajadores de la Radio Televisión Valenciana no es sino la conclusión lógica a la política de desmanes que, a todos los niveles, ha regido durante los últimos veinte años en el ente público. Veinte años, se dice pronto, pero es casi el tiempo que lleva el PP gobernando en la Comunidad Valenciana. Y me gustaría explicarme convenientemente antes de que las docenas de compañeros (algunos incluso amigos) que allí -aún- trabajan se armen con antorchas y vengan a por mí. La explicación de la falla, como decimos en Valencia, es muy sencilla. Canal 9 nació en 1989 bajo el último Gobierno socialista de Joan Lerma, al amparo de una Ley que ni socialistas ni posteriormente populares se han encargado de respetar o hacer cumplir. Con el ascenso al poder de Eduardo Zaplana en 1995, la televisión pública de los valencianos pasó a ser responsabilidad del PP, que se encontró una plantilla de 653 trabajadores (ya inflada para la época) y una deuda asumible y ajustada de 32 millones de euros acumulada en seis años de emisión. Diecisiete años después -como acertadamente denunciaba a principios de 2012 'El País'-, la plantilla supera los 1.800 trabajadores y la deuda se dispara a los 1.200 millones de euros, gracias a los Gobiernos de Zaplana y posteriormente Francisco Camps, quien al suceder al murciano también se encargó de colocar a "los suyos" y reorientar de nuevo la línea editorial de la cadena. Sólo las cifras bastarían para poner en entredicho la extraña gestión y administración del ente público durante estas dos décadas, pero si contamos que 800 de esos 1.800 trabajadores han sido colocados 'a dedo' sin pasar por ningún tipo de oposición o examen empezaremos a entender el desmadre financiero que ha regido Canal 9. Y eso no me lo tiene que contar nadie porque lo he vivido: Media redacción del extinto 'Mini Diario' fue contratada en Canal 9 a finales de los 90 con una simple llamada telefónica (pero no una por compañero, no, una para todos en plan "y ahora pásame con X" ...patético y muy ratero, la verdad).
Un ejemplo más: ¿Saben lo que cuesta disponer de un equipo emitiendo en directo para un informativo, es decir, un enlace de satélite para apenas un minuto de televisión? Unos 6.000 euros. Pues bien, nuestros servicios informativos a lo largo de estos años han tenido a bien contarnos en directo -y a ese precio- sobre la calabaza más grande cultivada en la Comunidad Valenciana o una concentración de moteros en cualquier pueblo. Información, lo llaman. Y eso sólo los informativos; súmenle ahora el resto de programas al estilo de 'En Connexió', que viven básicamente del directo...
Otro: Contraviniendo claramente el espíritu y la letra de la Ley de Creación del Ente Público Radio Televisión Valenciana, durante más de diez años se ha mantenido un bloque de unos 600 trabajadores con contratos de obra a los que cíclicamente se despedía y volvía a contratar en función del programa o departamento al que estuvieran adscritos.
Y el peor ejemplo posible: los sueldos. El único punto de envidia que -creo- hemos tenido el resto de periodistas valencianos durante estos años hacia los compañeros de Canal 9. Nóminas muy por encima de la media del sector y del país para unos trabajadores con una cantidad de trabajo (no entro a discutir la calidad) mucho menor que la media. Conozco muchos compañeros que nada más salir de firmar su contrato en Burjassot se iban al concesionario más próximo de Audi a encargarse un A-3 o meterse en una hipoteca de 400.000 euros. No hay estómago más agradecido que aquel que está bien alimentado. Para que se hagan una idea, sólo el capítulo de Personal en los presupuestos de Canal 9 de 2009 superaba los 81 millones de euros cuando, por ejemplo, los ingresos previstos por publicidad y venta de derechos (fútbol) fueron de 45.
En medio de todo ello, contratos salvajes con productoras mediocres para llenar el bolsillo de amiguetes y de paso la parrilla de programación con bodrios infumables, viajes no justificados a cargo del erario público a celebrar cumpleaños en Marruecos, despliegues dignos de la CNN para celebrar la visita del Papa o cubrir las regatas de la America's Cup, pago de derechos y un equipo específico para la retransmisión de la Fórmula 1 cuando una cadena nacional ya lo emitía en abierto o la pérdida en picado de una audiencia que en 1995 rozaba el 19% de 'share' y que en la actualidad apenas llega al 6%... vamos, que difícilmente se ha podido gestionar peor.
Pero, volviendo al inminente ERE que va a provocar más de 1.000 dramas familiares... ¿dónde estaban los sindicatos cuando las vacas eran gordas y se tiraba con pólvora de rey a todo lo que se moviera? ¿Dónde cuando se colocaba a dedo a 800 personas de modo ilegítimo -que no ilegal, que de eso saben bastante-? ¿Dónde cuando se daban férreas consignas políticas para marcar la línea editorial? Porque de aquellos polvos vienen estos lodos. Porque ahora que las vacas son flacas y que vienen mal dadas para los de siempre, los curritos, ahora sí que tímidamente han salido a la palestra a decir que la cosa está mal. No, bonicos, lo siento mucho pero tan responsables del desastre/pecado televisivo que es Canal 9 son los que han diseñado la acción como los que han ejecutado la obra como los que habéis callado por omisión durante casi dos décadas. Tener el riñón bien cubierto es lo que tiene, que degenera en adocenamiento y pequeñoburguesismo provinciano, amén de que muchos sindicalistas tienen un fantástico carnet de partido que es el que, como en el Monopoly, les libera del paso por prisión. Cojonudo, oigan.
Ahora lloramos todos pero da igual. Lágrimas de cocodrilo en algunos casos, porque entre todos la mataron y ella sola se murió. Mi abrazo solidario a los que se van a quedar en la calle. Mi odio eterno a los que lo han hecho posible.

martes, 5 de junio de 2012

La memoria selectiva de Juan Roig

Cada vez que Juan Roig abre la boca para hablar de la crisis la caga profundamente. Un empresario que practica a conciencia el laconismo o la extrema opacidad cuando se trata de sus empresas (Mercadona, Valencia Basket Club) se ha convertido -por obra y gracia del PP- en la nueva Sibila financiero-económica de España. Sus oráculos hablan de "apretarse el cinturón" y "ponerse las pilas", criticando que este país ha vivido "por encima de sus posibilidades" y que "nos hemos pasado treinta pueblos"; es decir, cargando sobre la clase trabajadora y los sindicatos la presión de sacar a España de la crisis en que nos han metido sus amiguitos los políticos, los banqueros y los pseudoempresarios metidos a promotores/constructores. Roig tiene la cara muy dura, pero hay que reconocer que es listo (que no inteligente) como pocos, ya que su mayor éxito ha sido implantar mediáticamente en la mentalidad de todos que Mercadona es una empresa modélica desde el punto de vista laboral, cuando la realidad está muy alejada del mito popular, y así lo demuestran las más de 50 sentencias judiciales en su contra de los últimos años.
Pocos se atreverían a asegurar que Juan Roig es uno de los culpables de la crisis, pero en realidad así es. No hay que olvidar que hace más de dos décadas (con Joan Lerma y el PSPV en el Gobierno autonómico) se cambió la legislación en la Comunidad Valenciana para autorizar las grandes superficies alimentarias dentro de las ciudades cuando entonces el máximo permitido era de 300 metros cuadrados; curiosamente, comenzó entonces el proceso de implantación y expansión de Mercadona. Curiosamente. Y todo el mundo sabe que cuando uno de sus supermercados se inaugura, inmediatamente después comienza a menguar y/o desaparecer todo el pequeño comercio en ese barrio con la consiguiente destrucción de puestos de trabajo y de riqueza en general. Por no hablar de las condiciones leoninas a las que somete a sus proveedores obligándoles a vender a precios muy por debajo de lo justo según la política agresiva del 'conmigo o contra mí' (chantaje más bien). O el rumor que circula sobre que a mediados de los años 80 recibió entre 800 y 2.000 millones de las antiguas pesetas a fondo perdido gracias al propio Lerma y el entonces presidente del Gobierno de España, Felipe González (me viene a la mente su frase "las subvenciones son el cáncer de la improductividad"). Sólo por esto habría de callar Juan Roig hasta su jubilación.
Pero no. Cuando se tiene memoria selectiva uno sólo se acuerda de lo que quiere. Y con ese tipo de memoria es más fácil ser lenguaraz y dar lecciones impropias de un potentado que callar y seguir medrando gracias al esfuerzo ímprobo de tus más de 60.000 trabajadores y el silencio victimista de tus decenas de proveedores. Si encima los amigos del PP que se ha encontrado por el camino lo hacen poco menos que Santo concediéndole la Alta Distinción de la Generalitat Valenciana por su carácter emprendedor (sic) o haciéndole Doctor Honoris Causa por la UPV, pues ancha es Castilla. Menudo elemento.

jueves, 31 de mayo de 2012

La lúcida lección de Victoria Grant

Circula estos días por la red un video -ya viral por su magnitud mediática- de una jovenzuela canadiense explicando las razones de la crisis y su solución para la misma. Básicamente, Victoria Grant razona y analiza cómo los grandes bancos roban a los ciudadanos con la connivencia de los Gobiernos del mundo en un discurso claramente aprendido -sus padres son economistas- pero no exento de una sinceridad y lógica aplastantes. Desde su tierna edad, y en un importante foro como es el Public Banking Institute de los Estados Unidos de América, Grant lanza su diatriba presuntamente antisistema con frases como “resulta obvio, incluso para una niña de 12 años de Canadá, que estamos siendo robados y timados por el sistema bancario y un Gobierno cómplice”. Su defensa parte de que la mayoría del dinero que se maneja en el planeta es ficticio, no existe, y se genera simplemente dándole a una tecla en un ordenador. Y tiene razón: cuando a usted le conceden una hipoteca, el banco no saca la cantidad prestada para dársela físicamente y que usted se la dé al vendedor de la vivienda; simplemente traspasa la cifra de una cuenta a otra y en la suya aparecen mágicamente los números negativos de su deuda con sus correspondientes intereses. Y en la ‘gran economía’ pasa lo mismo, tanto con el dinero que prestan los bancos privados a los nacionales como los que estos prestan a los Gobiernos y otras entidades aunque, claro, a un interés mucho menor que el que le aplican al ciudadano de la calle porque las cantidades, al ser mucho mayores, generan unos beneficios asimismo brutales. Pero por mínimos que sean los intereses que la banca privada le cobra a la banca nacional, ello siempre derivará en un incremento de los impuestos a los ciudadanos, que son los que esforzadamente sostienen la deuda pública de cada nación. O sea, que para que justificar el ‘dinero que no existe’ al final siempre se tira mano del que sí existe, sacándolo del bolsillo del contribuyente para llenar el de los banqueros. El ejemplo de Canadá según Victoria: Los bancos sólo tienen 4.000 millones de dólares reales en sus reservas/cámaras acorazadas, pero han concedido préstamos por valor de 1’5 billones de dólares, luego la mayoría del dinero del que se habla es ficticio, pues sólo es deuda contraída en forma de préstamos. Hasta aquí, comprensible.

Antiguamente -de hecho, no hace tanto, apenas un siglo según países-, el patrón-oro marcaba la economía de un país según sus reservas y limitaba la deuda que podía contraer hasta unos límites razonables. Estadísticamente, desde que la moneda impresa o acuñada y el ‘dinero ficticio’ producto de la deuda -y no el oro en las reservas- marcan la economía mundial, la inflación no ha dejado de crecer a nivel global. Es decir, que desde que hemos facultado a entidades privadas para prestar dinero que no tienen (o el que tienen, que no es suyo sino de los impositores) sólo se han beneficiado esas entidades y sólo se ha machacado sistemáticamente a los ciudadanos en forma de impuestos. ¿Qué pasaría -se pregunta Victoria- si los Parlamentos de los países decidieran ordenar imprimir en billetes la deuda pública y entregaran la cantidad a las entidades acreedoras, ya que tienen esa facultad legal aunque no la pongan en práctica? Sinceramente, me gustaría saberlo.

La joven canadiense cita, además, a la Biblia recordando que Jesucristo expulsó a los cambistas del templo hace dos mil años “porque estaban manipulando moneda para robar a la gente”. El ejemplo es muy ilustrativo, lástima que veinte siglos después hayamos dejado que los nuevos templos/centros de poder sean, en realidad, los propios bancos, que son los que manejan la vida de Gobiernos y ciudadanos.

Para finalizar, una cita de la antropóloga Margaret Mead a la que alude Victoria Grant: “Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos puede cambiar el mundo; de hecho, eso es lo único que lo ha logrado”. Ojalá, con la diferencia de que los indignados y cabreados no son/somos, a nivel global, un pequeño grupo, sino una masa a punto de enfurecer.

jueves, 24 de mayo de 2012

No veo banqueros suicidándose

Nos estamos equivocando. Mucho. Los ciudadanos y la presunta e hipotética suma de los mismos, los Estados. Los primeros por desidia y los segundos por negligencia. El españolito de a pie hace tiempo que dejó de interesarse activamente por la política y se dedicó a votar una siglas o un cartel electoral sin conocer programas ni propuestas; y, a tenor de esto último, los partidos políticos llamados a formar Gobierno en nuestro país (PP y PSOE) dejaron de escuchar a la calle y vieron vía libre para hacer y deshacer a su antojo en función de los intereses de sus principales patrocinadores y/o dueños, los bancos. No es que antes le hicieran mucho caso a sus votantes, pero al menos los escuchaban. Ahora, ni eso. Y que no se te ocurra protestar por tus derechos.
Pero dejando de lado la coyuntura política, que es la que nos ha llevado a la actual situación de crisis galopante, me planteo que nos estamos equivocando en intentar salir de la crisis aplicando medidas que todos sabemos positivamente que ni van a repuntar la economía de la mayoría de la gente ni van a hacer descender las cifras del paro o la inflación. Me explico. La mayor catástrofe bursátil/financiera mundial hasta hace apenas cinco años ocurrió en Estados Unidos en 1929, lo que todos conocemos como “el crack del 29” y, aunque las causas no fueran las mismas en su esencia, los resultados a pie de calle sí lo fueron, con una escandalosa cifra de desempleados, pérdida de los ahorros de muchos ciudadanos y un 20 por ciento de las familias en situación de hambruna. Vamos, como Grecia desde 2010. O como España dentro de unos meses.
Sin embargo, en aquel momento el Gobierno de los EEUU adoptó una serie de medidas conocidas como el “New Deal” en las que, de la noche a la mañana –literal- y tras depreciar el dólar, básicamente se reducía la jornada laboral en un 30 por ciento al tiempo que se incrementaba el salario medio del obrero en otro tanto. De este modo no sólo se consiguió reducir de forma notable el paro de una forma directa, sino además reactivar la economía de forma indirecta, pues la fórmula ‘Dinero+Ocio’ siempre deriva en un incremento directo del consumo. Junto a esto, una serie de medidas para ejercer un mayor control de los mercados bursátiles y –sobre todo- las empresas que operan en ellos permitió en apenas unos años que EEUU volviera a ser lo que era y, de paso, se implicara en la Segunda Guerra Mundial, lo que definitivamente catapultó la economía norteamericana a nivel mundial.
Ochenta años después, parecemos empeñados en olvidar la Historia y seguimos intentando apagar los fuegos con gasolina, en España y en Europa. Hacemos lo contrario que EEUU con el “New Deal”. No sólo se están recortando brutalmente los derechos de la clase trabajadora, conseguidos con mucho esfuerzo tras cuarenta años de negra dictadura, sino que además se reduce la inversión básica en Educación y Sanidad y se intenta reactivar la economía inyectando capital en las entidades financieras causantes –en buena parte- del desastre económico global del sistema capitalista. Craso error. No soy economista, pero sé que nada de ello paliará la realidad actual de los casi seis millones de parados españoles.
Y súmenle otra gran diferencia, además: En 1929 los banqueros saltaban de lo alto de sus rascacielos para suicidarse y ahora, por el momento, no hay visos de que ninguno siquiera se asome a la ventana.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Las cosas, por su nombre

Ya está bien. La tomadura de pelo pormenorizada del sistema hacia sus miembros empieza a ser preocupante, tanto por el nivel de exigencia de uno como por el de aguante de los otros. Por mucho menos de la que está cayendo desde hace unos años se hubiera montado una guerra en el siglo pasado. Pero evolucionamos como especie, y o bien es que las tragaderas del ciudadano medio se han ampliado o es que ya nos da igual lo que nos pase tanto a nivel individual como colectivo. Y como uno -que además de periodista es ser humano- se hartó de ser políticamente correcto hace ya una década y aún le corre el gusanillo de la tinta por las venas, pues he decidido retomar mi pasión por escribir aunque sea para volcar las frustraciones diarias de este mundo en el que los puestos clave están regentados mayoritariamente por incompetentes y/o sinvergüenzas. Pero también quiero compartir este espacio digital con todo aquél que tenga algo que decir. 'Vigilantes' nace para dar cabida a los descontentos, a los indignados, a los valientes y a los resignados. La denuncia ciudadana, el 'boca-oreja' y el periodismo alternativo a través de las nuevas tecnologías de la información se hacen, hoy por hoy, mucho más necesarios que nunca. Unete. No calles. Lucha.