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lunes, 7 de julio de 2014

Elecciones anticipadas: La tumba de Fabra

El rumor NO es la antesala de la noticia, pero muchas veces ayuda a comprender el panorama en el que la supuesta noticia se va a desenvolver. El presidente de la Generalitat Valenciana, Alberto Fabra, lleva unos tres meses desmintiendo por activa o por pasiva que se vaya a anticipar la convocatoria de Elecciones Municipales y Autonómicas, y sin embargo éste fue el tema principal de conversación en la sorprendente reunión que mantuvo el pasado sábado con su equipo de Gobierno; ése y la financiación autonómica, aunque ahí no hay nada que debatir puesto que vivimos de 'Papá Estado'. Hace poco un compañero economista -y bastante bien situado en Madrid- me contaba que, desde hace dos años, en la Comunidad Valenciana estamos viviendo al día y gracias a lo que él acertadamente denomina como 'la paga semanal'; fue duro saber la verdad, pero reproduzco sus palabras de modo literal: "mira, os pasa como al chaval que el martes ya se ha gastado la paga semanal que papá le dio el sábado, y aún le quedan cuatro días por delante, que te tienes que apañar con lo que hay y si no puedes comprar tabaco, pues te jodes".

Sobreviviendo a duras penas gracias al FLA, las cuentas autonómicas sangran rojo por todas partes, y así un mes hay para pagar a los abogados del turno de oficio, otro para atender la deuda farmacéutica, y otro para tranquilizar a algunos proveedores, pero a todos al mismo tiempo no, porque no hay, y lo poco que reducimos por esa vía la inmensa deuda de 33.864 millones de euros (casi el 35% del PIB autonómico) es a costa de los impuestos del resto de los españoles. Mientras, Cristóbal Montoro sigue pidiéndonos recortes -es su rol, y lo clava- y negando una mayor financiación a los valencianos a pesar de los claros desequilibrios existentes con respecto a otras regiones. Y todo ello, además, con los desastrosos resultados de las recientes Elecciones Europeas como mar de fondo. Marejada en el Palau.

Pues el rumor apunta a que, por mucho que lo desmientan Fabra o María José Catalá, se va a producir un adelanto de la cita electoral autonómica, previsiblemente para que la caída de votos del PP en la Comunidad Valenciana no sea tan catastrófica como prevén las encuestas, y para evitar asímismo que el cabeza de cartel -jamás elegido por las urnas- sufra más desgaste por los numerosos casos de corrupción que le afectan de modo directo e indirecto. Por el momento (y por lo que yo sé) es una opción que valoran especialmente dos de los tres presidentes de las Diputaciones Provinciales, ya que la mayoría de ayuntamientos sigue siendo del PP, y de ahí emana su poder provincial, que caería si se da la vuelta a la tortilla; de hecho, alguno de ellos pronostica -y postula- con la boca pequeña que, de caer Fabra, su sucesor sería él mismo; lo hace un hombre de escasa talla política... ustedes me entienden.

Alicante y Valencia siguen siendo, por ese orden, la segunda y tercera provincias que más votos aportan al PP a nivel nacional tras Madrid, pero su volumen global (que no porcentaje) ha ido reduciéndose paulatinamente a lo largo de los años exactamente igual a lo que le ha pasado al PSOE en Andalucía: morir de éxito, se llama. Y Fabra, tras veinte años de más que cuestionable 'éxito' del PP en la Comunidad Valenciana, ha perdido crédito político a la misma velocidad que pelo en su cabeza, y está francamente asustado porque, pase lo que pase, se ve fuera de la poltrona; si se descalabra en las urnas y pierde la Generalitat, no le veo haciendo oposición en las Cortes, y si se mantiene ya es consciente que la lucha por su sucesión ha comenzado, y que Génova quiere otra cara no afectada por la corrupción para el próximo cartel electoral. También en Madrid buscan un 'campeón' a lo Arenas (o, en su época, a lo Zaplana), alguien que sepa cómo ganar unas Elecciones... cosa que Fabra no ha hecho nunca, ni para acceder en su momento a la Alcaldía de Castellón ni para sentarse en el sillón de la Plaza de Manises. Con todo, me atrevo a decir que, a fecha de hoy, no sólo habrá convocatoria anticipada de Elecciones, sino que éstas serán, además, la tumba política del actual presidente de la Generalitat Valenciana.

Imagen: El Mundo

miércoles, 29 de enero de 2014

No es un topo, es una víbora

Reza una frase atribuida a Nicolás Maquiavelo que hay que mantener a los amigos cerca, y a los enemigos aún más cerca. Me viene a la mente a raíz de las investigaciones cuasi inquisitoriales que ha puesto en marcha el Palau de la Generalitat Valenciana a causa de las filtraciones que han desvelado los desmanes económicos consentidos y/o promocionados por Alberto Fabra en la persona de su "estrecha colaboradora", su "amiga íntima", su "asesora personal"... la Secretaria Autonómica de Organización, Coordinación y Relaciones Institucionales de Presidencia de la Generalitat Esther Pastor. Se habla de la existencia de un topo en el Palau, y no va desencaminada la propuesta, aunque se me queda muy corta ante la magnitud del pseudocomplot que rodea a la figura del Molt Honorable. No es que haya un topo, sino más de uno, contando con que buena parte del funcionariado valenciano anda cabreado con la reducción de nómina o la pérdida de pagas extraordinarias de los últimos años, amén del comportamiento generalizado de un Gobierno despótico y cercano al absolutismo.
 Filtraciones ha habido siempre, bien por el puro interés del que 'coloca' la noticia o bien por la capacidad de los periodistas que buscan la misma; de hecho, la mayoría de informaciones 'de verdad' que atañen al ámbito político/judicial (dos sectores, por desgracia, cada vez más convergentes) provienen de filtraciones o rumores interesados. Ante ello, siempre hay que preguntarse qué gana el topo pasando ese tipo de información. ¿El simple gusto de descubrir hechos denunciables y supuestamente delictivos que ridiculizan a su jefe directo y lo ponen a los pies de los caballos Ante la opinión pública? ¿O hay que ir más allá?
Vayamos un poco más allá y recordemos que Alberto Fabra accede a la Presidencia de la Generalitat tras la dimisión forzada de Francisco Camps por el caso de los trajes dentro de la trama Gürtel. Desde la Alcaldía de Castellón y con el beneplácito de Génova se le sitúa como 'hombre neutro' al frente de la autonomía pero dentro de una maquinaria administrativa hecha a imagen y semejanza del otrora delfín de Rita Barberá; previamente, Camps se había encargado de cercenar las cabezas visibles -y las invisibles- de su predecesor, Eduardo Zaplana (el paso de José Luis Olivas por la Presidencia fue testimonial y anecdótico), así que con su indigna salida del cargo dejó de herencia a Fabra una Administración monolítica y 'campsista', que en parte no tragó con los nuevos aires reformistas del castellonense.
Así las cosas, y dejando aparte la existencia de topos que filtren material sensible acerca de los desmanes político/financieros de la administración valenciana, mantengo la teoría de que por encima de ellos existe, coordinándolos o incluso dirigiéndolos según una agenda perfectamente definida de aquí a la designación del candidato a las próximas Elecciones Autonómicas, algún/a personaje del mismo Partido Popular de Camps dinamitando la acción de Gobierno de Fabra desde dentro. Una víbora, vamos. Alguien capaz de traicionar a sus propios compañeros de partido -cuando no jefes- con tal de seguir medrando ante la vieja guardia del PP valenciano (sector Opus) y de ese modo revalorizarse cuando vuelvan a mandar 'los suyos'. Y no creo que desvaríe al pensar así dado el pelaje de los clanes que pugnan por el control del PP desde prácticamente su refundación desde la extinta Alianza Popular.
 Ahora que las tácticas de Torquemada han tomado el Palau para descubrir al topo -personalmente pienso que, desde Zaplana, esas tácticas nunca se fueron- y que se suceden los interrogatorios al estilo policial a funcionarios sin el correspondiente permiso de la Junta de Personal o el conocimiento de los sindicatos, creo que Fabra y su equipo yerran el tiro intentando cercar a un pequeño roedor, pues deberían buscar a la serpiente que, desde despachos más altos, ya ha clavado sus venenosos colmillos en el cuello del Molt Honorable.